viernes, 4 de marzo de 2011

Recordar es volver a VIVIR

Hoy hice un viaje al pasado, y en el recorrer me llene de orgullo por la persona que me visito y con la que pase siete años de mi vida. Esa persona, ahora ya una persona madura y centrada, tiene una gran historia que contar, casi puedo afirmar que soy como su familia.
El segundo de cuatro hermanos de una familia que tenía poco o nada. Una familia que salió adelante por  la madre, aquella mujer de estatura baja de tez trigueña, muy delgada que se le notaba hasta los huesos. Una valerosa madre abnegada entregada hasta el día de hoy en cuerpo  y alma a sus hijos.
Hoy, José me contaba (mientras yo ahondaba en mis recuerdos) como fue surgiendo, como empezó viviendo en un cuarto muy humilde en el patio de mi casa junto a dos de sus hermanos y su madre, con escasos recursos, con infinitos problemas, e incluso quizá hasta llego a sentir resignación a su condición. El recordaba cómo vivía hace once años y yo recordaba cómo, con apenas cinco o seis años me encantaba ir a visitar a esa pequeña pero acogedora familia donde siempre me recibían con mucho entusiasmo y cariño. José con recelo recordaba sus malas juntas y los problemas que eso ocasionaba. En el año 2000 le llega una oportunidad de un mejor trabajo y el de poder enrumbar en busca de un hogar propio y más amplio para su familia. Y así con esfuerzo, dedicación y muchas de cambiar y salir adelante lograron tener lo que hoy poseen: todas las comodidades de un buen y atractivo hogar, una familia unida y feliz más aun con la llegada de su sobrina, la adoración de la casa, a quien inculcan desde ahora a ser, a pesar de todas las comodidades y lujos, una persona humilde y solidaria.
Pues bien la visita del día de hoy me lleno de orgullo, orgullo por la superación de personas con las que compartí demasiado, además de un hermoso viaje al pasado.