sábado, 14 de mayo de 2011

A la Mejor Cobradora de Combi.

Hace unos pocos días me paso algo realmente gratificante. Salía de la universidad, era miércoles aproximadamente cuatro y cuarenta cuando me dirigía a “la curva” a tomar mi carro. Como siempre espere, porque no son muchos los carros que salen de ahí para Javier Prado. Al fin llego el esperado “ETRAMUSA” y subí, inmediatamente note que la cobradora era mujer, una mujer de más o menos 40 años, estatura media (media tomada en cuenta según la talla promedio en nuestro país, claro está), su cabello era ondeado, esponjosito y castaño claro. Estaba con su polito verde de la empresa de transporte. Hago toda esta introducción de esta señora porque ese día esa señora, aquella cobradora de couster, me cambio el ánimo totalmente, alegro mi tarde, le dio luz a aquella nublada y nostálgica tarde. Esa señora que llamare María (y elijo este nombre porque debido al catolicismo inculcado en mi hogar, me indica entrega, generosidad, amor) a pesar que cumplía con uno de los oficios, para mí, mas difíciles y desgastantes de todos, tenía un humor y un trato excepcional. Usaba frases como “a ver linda pasaje por favor” o “aquí tienes guapo tu vuelto, gracias” o “preciosa ahí puedes sentarte”. Aquellas frases aparentemente nada extraordinarias, en labios de esa mujer, llenaron mi día de felicidad.
Paso a explicar por que el trabajo de cobrador me parece uno de los más difíciles y desgastantes. Aunque muchos lo nieguen, el trato día a día, todo el día con otras personas, es una de las tareas más difíciles a la que el ser humano se debe enfrentar, ya que se ve “obligado” a salir de su mundo, de su caparazón e interactuar con otros seres pensantes, con otros seres emocionales, cada uno diferente del otro, cada uno con opiniones y pareceres diferentes, con los que debes lidiar, convivir e incluso sobrevivir. Y esta situación se agrava cuando tu trabajo consiste en COBRARLES, quitarles su dinero que con esfuerzo o no, consiguieron. Estoy poco enterada de las alzas  en los precios de la gasolina y eso. Pero soy consciente que vivimos en un país cada vez más caro. Aunque también soy consciente de que muchos choferes y cobradores, la mayoría de combis, te cobran lo que quieren y no hacen su ruta completa con tal de ganar más. En fin, los  cobradores, injustos o no, todos los días se encuentran obligados a enfrentar a todos los humores (y olores), pensamientos, sentimientos, opiniones, problemas, gustos y disgustos de sus pasajeros. Incluso muchísimas veces tiene que aguantar insultos, intolerancias y hasta agresiones físicas por parte de malhumorados pasajeros que sacan todo el arsenal de lisuras en su vocabulario para decírselas inocente o no al cobrador. Ah y ni que decir de tener que aguantar el inaguantable, desesperante e interminable trafico de Lima.
Lo que más me impresiono aquel día fue que ya llegando a mi destino (evitamiento) el carro fue disminuyendo la velocidad aun un poco lejos del paradero (ya que todos los carros se paran ahí para “jalar” gente) el chofer indica que podíamos “aprovechar en bajar”, y hacerlo esta señora dijo “disculpen por favor que los deje un poco lejos del paradero pero todos los carros están ahí y no se mueven”. La señora se había disculpado por algo que otros choferes veían de lo más conveniente y normal y que en realidad es una falta no solo de cuidado si no de transito. Aquel día baje del carro con una sonrisa satisfactoria en mi rostro, una sonrisa de esperanza.
Solo me queda decir GRACIAS, aquella señora cobradora que alegro mi tarde con su buen trato y que lleno mi corazón de esperanza por un país mejor.