martes, 24 de abril de 2012

Hoy te vi...


Hoy te vi caminar a lo lejos y con una sonrisa melancólica recordé aquellos tiempos en los que reíamos a carcajadas y luego temíamos llorar. Recordé aquellos días en los que lloramos al escuchar una canción que nos hacia remover sentimientos tras pasar momentos de decepción, recordé nuestras bromas, nuestras largas platicas, los consejos mutuos, momentos tristes en los que ambos estuvimos a prueba y los pasamos, momentos alegres y llenos de diversión en los que no nos importaban los rumores de la gente y vivíamos al máximo nuestra amistad. Pero sobre todo recuerdo frases que ahora me suenan vacías, recuerdo promesas que ahora solo son frases hechas que quedaron en el olvido… y aun me pregunto qué paso con “no porque la gente alucine yo voy a dejar de pasar tiempo contigo” o “ no importa lo que pase no me voy a alejar de ti” o “eres de las pocas personas que realmente considero mi amiga” o “ yo te apoyo siempre, porque sé que cuento contigo en todo momento” y sobre todo “Daria la vida por ti”. No sé por que no se me ocurrió pensar que algo así podría suceder, después de todo no todos creemos que los amigos, los verdaderos amigos, son los que quedan y casi siempre los amores se van. Y aquel amor que decide quedarse es porque te acepto con todo tu pasado, incluyendo a tus amigos, confiando en el amor que le profesas, abrazando tus defectos y festejando tus virtudes…
Hoy te vi y baje la cabeza porque vi muy distante a quien compartió muchos momentos conmigo, vi distante a aquella persona con la que en algún momento prometimos hermandad, con un pacto de sangre que pensé, no se rompería jamás.
Quizá me duela la distancia y aun mas los motivos, pero después de las lagrimas sonrío, porque se que así eres feliz.
Solo me queda desearte lo mejor, desearte sonrisas y felicidad, éxitos y triunfos. Aquí siempre encontraras una mano hermana que comparte tu sangre y está dispuesta a recibirte ya sea para secar tus lagrimas, o abrazarte por tus logros. En cualquier momento, sin rencores, como si solo hubieran pasado horas desde la ultima vez...

sábado, 7 de enero de 2012

EMERGENCIA

La experiencia vivida aquel día en emergencia es indescriptible. Falso. Si la puedo describir y es como si regresara al preciso instante en el que estaba sentada esperando que me llamen, temblando de miedo, tratando de llenarme de autocontrol y evitar salir corriendo.
A mi izquierda, una camilla con una anciana con movimientos alarmantes para mí y aparentemente normales para aquella enfermera parada a unos metros. A mi derecha, sentada una señora con apariencia cadavérica, que, según yo, dormía pero que al respirar hacia un ruido extraño como de dolor que lo único que hacía era aumentar mi nerviosismo y terror. Pero lo que causo que mis ojos saltaran y me dieran ganas de salir corriendo fue un hombre a unos metros mas allá, hombre de contextura delgada, tez café: su brazo derecho mas o menos del grosor del mío, quizá hasta menos, y su brazo izquierdo de un grosor descomunal, sin temor a exagerar podría afirmar que lo que habría sufrido había provocado una hinchazón que convertía a su brazo en una cosa amorfa 4 veces más grande que el original.
Luego, la noticia que tendría que esperar 2 horas más… 2 horas más! En aquel lugar donde el dolor, la preocupación  y la incertidumbre se olían por cada centímetro cuadrado, esto sumado a mi inexperiencia en este tipo de situaciones provocaba imágenes en mi cabeza que no me dejaban nada tranquila.
Más tarde presenciaría una escena enternecedora; un anciano, que me recordaba a mi abuelo, pero como lo vería de aquí a unos años, acompañado de quien sería su hija. Aquel anciano de voz ronca que apenas se escuchaba le hacía preguntas y hasta bromas a la mujer que lo acompañaba al mismo estilo de un niño de 8 años, y a pesar de esto se notaba en su mirada y en sus comentarios la experiencia y sabiduría.   
La  espera se prolongo más de dos horas, tiempo en el que pude percibir que aquella señora de la camilla de la que hable al principio se había orinado, y por más que avisamos a las enfermeras que por ahí pasaban todas se hacían las desentendidas. Es posible llegar a tanta indiferencia inclusive en personas que estudian por vocación para ayudar y salvar vidas? Y me intriga también, es justo llegar a esa edad, sola, con todo el peso de las enfermedades, el olvido y la indiferencia humana?  
Mi desesperación aumentaba con el paso de los minutos, me dio por caminar por los pasillos de emergencia, y me tope con algo que debí suponer que encontraría, pero cuando lo vi me aterre: una camilla de metal frio que decía SOLO TRASLADO CADAVERES.