La experiencia vivida aquel día en emergencia es indescriptible. Falso. Si la puedo describir y es como si regresara al preciso instante en el que estaba sentada esperando que me llamen, temblando de miedo, tratando de llenarme de autocontrol y evitar salir corriendo.
A mi izquierda, una camilla con una anciana con movimientos alarmantes para mí y aparentemente normales para aquella enfermera parada a unos metros. A mi derecha, sentada una señora con apariencia cadavérica, que, según yo, dormía pero que al respirar hacia un ruido extraño como de dolor que lo único que hacía era aumentar mi nerviosismo y terror. Pero lo que causo que mis ojos saltaran y me dieran ganas de salir corriendo fue un hombre a unos metros mas allá, hombre de contextura delgada, tez café: su brazo derecho mas o menos del grosor del mío, quizá hasta menos, y su brazo izquierdo de un grosor descomunal, sin temor a exagerar podría afirmar que lo que habría sufrido había provocado una hinchazón que convertía a su brazo en una cosa amorfa 4 veces más grande que el original. Luego, la noticia que tendría que esperar 2 horas más… 2 horas más! En aquel lugar donde el dolor, la preocupación y la incertidumbre se olían por cada centímetro cuadrado, esto sumado a mi inexperiencia en este tipo de situaciones provocaba imágenes en mi cabeza que no me dejaban nada tranquila.
Más tarde presenciaría una escena enternecedora; un anciano, que me recordaba a mi abuelo, pero como lo vería de aquí a unos años, acompañado de quien sería su hija. Aquel anciano de voz ronca que apenas se escuchaba le hacía preguntas y hasta bromas a la mujer que lo acompañaba al mismo estilo de un niño de 8 años, y a pesar de esto se notaba en su mirada y en sus comentarios la experiencia y sabiduría.
La espera se prolongo más de dos horas, tiempo en el que pude percibir que aquella señora de la camilla de la que hable al principio se había orinado, y por más que avisamos a las enfermeras que por ahí pasaban todas se hacían las desentendidas. Es posible llegar a tanta indiferencia inclusive en personas que estudian por vocación para ayudar y salvar vidas? Y me intriga también, es justo llegar a esa edad, sola, con todo el peso de las enfermedades, el olvido y la indiferencia humana?
Mi desesperación aumentaba con el paso de los minutos, me dio por caminar por los pasillos de emergencia, y me tope con algo que debí suponer que encontraría, pero cuando lo vi me aterre: una camilla de metal frio que decía SOLO TRASLADO CADAVERES.
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